Educación
Autor: DiarioPaillaco , 6 de febrero de 2014

El joven actor que lleva el nombre de Paillaco a los diferentes teatros del país

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Marco Zambrano Pontigo

Es el invitado especial al Tercer Festival de Teatro Latinoamericano por su profesión de actor, pero sobre todo, por ser paillaquino. Marco Antonio Zambrano Pontigo, tiene 30 años de edad y está radicado en Valparaíso, aunque su familia y recuerdos de niñez y juventud, permanecen en la comuna.

En esta segunda entrevista de la sección “Rostros de mi comuna”, queremos que nuestros lectores conozcan al joven actor que lleva el nombre de Paillaco a los diferentes teatros del país.

¿Dónde estudiaste?

Yo primero estudié en Huichahue Bajo, en una escuelita de campo, entre kínder y tercero básico. Ahí caminaba 5 kilómetros para llegar a la escuela; me levantaba como a las 5 de la mañana en invierno, fue una experiencia bellísima. Después me vine a la Escuela Proyecto de Futuro, con la tía Paty, ahí estuve toda la básica y luego, en la media, estuve en el Liceo Rodulfo Amando Philippi.

¿El gusto por el teatro nació en el Liceo?

La verdad es que cuando estuve en Paillaco yo nunca vi teatro. En ese tiempo no se hacía. Ahora está el festival latinoamericano y hay grupos de teatro en el Liceo y en la Unidad de Cultura. Yo tenía amigos músicos –Aguilera, los amigos de El Llolly y acá a Juan Carlos Martínez– y con ellos me juntaba mucho y me relacionaba artísticamente. Lo que sí hacía era pintar al óleo y leer mucha poesía.

¿Cuándo te empezó a gustar el teatro?

El asunto nació un verano que fui a Santiago a ver un primo que estaba estudiando teatro; vi un examen de él y me encantó lo que hizo –Adolfo Sáez Pontigo, su familia también es de Paillaco–. Después postulé a una carrera que nació en Puerto Montt, que se llamaba Pedagogía en Arte con mención en Cine, Televisión, Teatro y Música, entonces tú escogías una de ellas y yo escogí teatro; ahí empecé a darme cuenta de que servía para esto y los profesores, que obviamente eran actores, me decían: “tú tienes que seguir, el teatro es lo que tienes que hacer”.

¿Y qué pasó?

Después me fui de esa carrera, porque echaron a mis profes, quedó la embarrada; fueron 4 años de estudio, pero lo bueno fue que decidí seguir estudiando. Me quedé un año trabajando en Puerto Montt como mesero. Ahí me gané un FNDR para montar una obra; hicimos ese montaje y después decidí irme a estudiar a la Quinta Región. Allá estudié en el DUOC UC de Viña de Mar y salí hace como 5 años; me fue re bien, decían que era un alumno destacado, todavía me llaman, ahora estoy haciendo clases en el DUOC. Me ha ido bien en verdad; tengo una compañía que se llama “Teatro Imaginario”, la idea era traerla, pero mi compañía es muy grande y se nos hizo complicado hacerlo.

¿Pero entonces no te vas a presentar?

Juan, el encargado de cultura me dijo “Marco, tienes que estar acá en el Festival” y yo le dije “Juan, no tengo nada. Yo tengo mi compañía y presento obras con toda mi compañía”. Entonces estuve dándole vueltas y ahora estoy en los últimos detalles para hoy jueves presentar un trabajo corto que se llama “Las historias de sotito”, con el apoyo de una amiga de mi mamá –Norma Gatica Huinca–, es una presentación preparada con harto amor y tengo hartas ganas de hacerla en Paillaco, mi pueblo.

¿En qué tipo de proyectos has participado y dónde te has presentado?

Yo he participado en varios Fondart, todos los años nos ganamos un Fondart con mi Compañía. He estado en Santiago temporadas completas en el Mori de Bellavista, que es un teatro grande. También he participado de la comisión de Santiago a Mil; es importante que te llamen para ser comisión de Santiago a Mil, porque ves todas las obras que quedan en el festival. Además, he estado en inauguraciones grandes en Valparaíso, donde hay cosas nuevas y funciones todas las semanas y también soy profesor. Yo vivo del teatro, no hago otra cosa que actuar, dirigir y crear montajes; es difícil en Chile hacer lo que estoy haciendo, pero yo me las puedo. Yo creo que una de las razones porque me las puedo, es porque no tengo hijos. Tengo 30 años y todavía no tengo hijos, estoy un poquito más libre todavía, puedo pasar un mes comiendo un tarro de jurel con pan.

¿Qué es el teatro para ti?

El teatro es un espacio transversal a todos los tiempos, es donde tú te puedes instalar y puedes viajar a donde quieras, puedes estar donde quieras, puedes hacer lo que quieras. El teatro creo que es como un tubo de energía, donde la gente se instala y puede llenarse de todas las cosas maravillosas y terribles que tiene la humanidad.

¿Se puede vivir del teatro?

Hay meses en los que uno no tiene casi nada de plata. Es inconstante, a veces en un mes puedes ganar mucho dinero y pasar tres meses sin ningún peso, entonces lo que hay que hacer es ir adelantando. Por ejemplo, si yo tengo un trabajo en enero y estoy ganando una cantidad determinada de plata, no me confío y digo: “ya, con esta plata tengo”, si no, yo ya estoy viendo lo que voy a hacer en marzo, abril y mayo, incluso ya estoy pensando qué voy a hacer en diciembre, porque en diciembre ya no tengo nada que hacer, entonces tengo que generar proyectos ahora para que en diciembre ya estén rodando. Cuando estás trabajando, tienes que estar también trabajando sobre los meses que vienen después para poder tener que comer. Mi finalidad no es ser rico, no es tener un auto, no es tener una casa propia; la cosa material no me importa mucho, lo que de verdad me importa es desarrollarme como artista, como actor, pagar mi arriendo, tener que comer, tener que beber, compartir con mis amigos, poder venir al sur a ver a mi familia, poder leer un buen libro; ser feliz con pocas cosas.

¿Qué opina tu familia sobre tu vida?

La verdad es que mi familia –mi papá, Víctor Dagoberto Zambrano Lara y mi mamá, Ester Pontigo– son unas personas muy especiales. Ellos me han apoyado durante toda la vida, creo que sin su sabiduría y sin su forma sencilla de ver las cosas, yo no podría ser lo que soy. Ellos no dicen nada sobre mi profesión, pero de repente preguntan: “¿Cuándo vas a tener un hijo?, ¿Por qué no compras una casa?, ¿Por qué no postulas a esto para tener tu casa propia?”, pero son cosas que ellos ven, que ellos necesitan por lo duro que es vivir en el sur, el poco trabajo que tienen las personas que no tienen un título. Además, mis hermanos tienen sus casas, sus cosas –bueno, yo igual tengo mi auto, me compré una Combi del 80, la tengo hermosa, viajo en ella, duermo en ella, hasta cocino en ella–. Mi familia me entiende, me dicen que haga clases, pero en relación a que sea abogado o médico, creo que ellos me ven feliz y con eso están bien. Yo tengo muchos amigos abogados y están con una carga emocional por estar defendiendo a asesinos, violadores y otras cosas que son medio tránsfugas, que no le hacen bien al espíritu, al alma, entonces creo que no comparto mucho el estudiar una carrera tradicional, porque el Estado o la sociedad te lo exija, sino, lo que comparto es estudiar algo que a ti realmente te gusta y te haga feliz, aunque no tengas mucho dinero, lo importante es ser feliz con una huerta, con tu casa bonita, con tu pareja, con tu familia, con tu gato o con tu perro.

¿Qué opinión tienes del cine y la televisión?

Tengo varios trabajos de cortometrajes que he grabado. Hay uno al que le fue re bien, tuvo premios en Europa –incluso a la directora del cortometraje le dieron un premio y estuvo viajando por Europa gracias a ese cortometraje– era un monólogo mío, que se llama “Praxis”. He tenido la oportunidad de grabar con cámaras de cine, es increíble esa experiencia. Sobre la televisión, encuentro que es un lugar un poco asfixiante –lo he visto a través de mis amigos que están ahí– que tienen que estar día y noche grabando. Además, las relaciones humanas dentro de la televisión no son muy buenas, pero la cantidad de lucas que se ganan, sí es buena. Otro beneficio es que si apareces en la televisión y después montas una obra, obviamente va a ir más gente. Entonces, de alguna forma, igual tiene cosas buenas. Me parece bien, creo que en algún momento me gustaría hacerlo, pero lo que me encantaría sería hacer una película, trabajar con directores chilenos –que son buenísimos– y con con actores –tenemos tremendos actores de cine en Chile–. Todo lo relacionado con el teatro y la actuación, para mí está bien.

Y finalmente, ¿Qué te parece el desarrollo de la cultura en Paillaco?

Yo he estado un poco alejado de Paillaco, lo único que he podido ver es a través del Facebook de Cultura y de la Municipalidad. He visto un desarrollo con este festival de teatro. He visto que existen orquestas de música docta en las escuelas y parece que eso ha avanzado harto; supe que en Reumén se está formando una nueva orquesta con Pedro Palma –que es tío mío–. Además, hay grupos de teatro, hay más grupos de música, creo que también están siendo bien apoyados por la Municipalidad. Juan también me contaba que existen talleres que empiezan a mediados de año. También escuché que hace poco se armó un grupo de gente que está trabajando sobre el patrimonio de la ciudad, eso está súper bueno. La cultura en Paillaco va avanzando a grandes pasos, pero viene mucha gente de antes, como Santiago Santana –el auditórium donde estamos lleva su nombre– gente que dejó su aporte y que con el apoyo de los que están ahora, se están viendo los frutos. Entonces hay que valorar toda la historia, toda la gente que ha estado. Me gustaría volver a Paillaco a trabajar –no a instalarme, porque mi pega está en el centro de Chile– pero me gustaría venir a hacer talleres intensivos o desarrollar cosas en el verano.

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