Opinión
Por Redacción , 8 de junio de 2022 | 20:18

Una leona de dos mundos

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Como se ha hecho una constante en las últimas semanas, parto con el recuerdo de una película, aunque en esta ocasión no les daré una lata muy larga y espesa.

Una leona de dos mundos” contaba la tierna historia de una cachorrita felina que es criada por dos conservacionistas, rubios y yanquis, por supuesto, que la cuidan hasta que está en condiciones de integrarse a la vida de los leones.

Elsa se llamaba la cuadrúpeda protagonista y aunque la película no era gran cosa, dejó como herencia una buena canción, “Born free”, nacida libre, que fue popular por largo rato.

Estuvo basada en una historia real, porque Elsa existió, tal como existe otra leona, esta vez bípeda, valdiviana y boxeadora, llamada Daniela Asenjo, quien acaba de ganar el título mundial de peso súper mosca sobre el cuadrilátero de un lujoso hotel parisino frente a la estadounidense Casey Morton, quien casi hizo honor a su apellido, pero fue salvada por la campana.

La historia de Daniela está enriquecida por detalles que la hacen distinta a lo que cualquier profano podría esperar de alguien que se dedica a un deporte tan rudo como el boxeo. 

De partida, es psicopedagoga e intérprete de violín. Sin embargo, hay otros puntos que la acercan y la asimilan con otras personas que han hecho del deporte su forma de vida.

El país ha tenido grandes satisfacciones con cultores de diversas disciplinas que se han hecho grandes casi exclusivamente por esfuerzo propio.

 Desde Manuel Plaza y su medalla de plata en el maratón de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928, hasta los jóvenes que en los últimos meses se han instalado en la élite universal del golf, pasando por Yáñez Zavala, Luis Ayala, Marlene Ahrens, los tiradores de skeet Lira, Jottar, De Iruarrízaga, Tomás González y, por supuesto, el Chino Ríos, Feña González y Nico Massú, sin olvidar a atletas, boxeadores, ciclistas, ajedrecistas, nadadores, triatletas, y a otros especialistas que, con el perdón de los lectores, se me quedan en el teclado.

Todos ellos, incluyendo a figuras excepcionales en deportes colectivos, como ocurre con Tiane Endler, se formaron por su cuenta, con mucho sacrificio, abriendo puertas, a costa de una perseverancia bastante extraña en un colectivo tan comodón como el nuestro.

Por eso es que el país está acostumbrado a recibir buenas noticias provenientes de actividades individuales. Chile está muy atrasado en los juegos colectivos, con honrosas excepciones como ha sucedido en los últimos años con pruebas remeras y, para ser justos con el fútbol, con los terceros puestos de 1962 y 2000, y las dos Copas América de mediados de la década pasada. Como soy pelotero de alma, no puedo negar que fui muy feliz con esos logros.         

 Como llevamos muchos años a la espera de que esto mejore, nos acercamos a lo que dice el borrador de la nueva Constitución, para ver que dice en relación con la actividad deportiva. 

Nos encontramos con los siguiente: “Todas las personas tienen derecho al deporte, a la actividad física y a las prácticas corporales. 

El Estado garantizará el ejercicio de este derecho en sus distintas dimensiones y disciplinas, ya sean recreacionales, educativas, competitivas o de alto rendimiento.

Para lograr estos objetivos, se podrán considerar políticas diferenciadas según lo disponga la ley.

El Estado reconoce la función social del deporte, en tanto permite la participación colectiva, la asociatividad, la integración e inserción social, así como el mantenimiento y mejora de la salud.

La ley asegurará el involucramiento de las personas y comunidades con la práctica del deporte, incluido el de niños, niñas y adolescentes en los establecimientos educacionales, así como la participación en la dirección de las diferentes formas de instituciones deportivas”. 

“La ley regulará y establecerá los principios aplicables a las instituciones públicas o privadas que tengan por objeto la gestión del deporte profesional como actividad social, cultural y económica, debiendo garantizar siempre la democracia y participación vinculante de sus organizaciones”. 

En cambio, fue rechazado la noción que incluía lo siguiente: 

“La ley establecerá la regulación y los principios aplicables a las instituciones públicas o privadas que tengan por objeto la búsqueda de talentos deportivos y la gestión del deporte profesional como actividad económica, social y cultural, debiendo asegurar formas de organización democrática”. 

Está todo bien intencionado y en lo esencial apunta en la dirección correcta, en lo teórico. Vamos a ver, si se aprueba el texto, si todo esto llega a la práctica o queda en buenas intenciones.

Me gustaría que las ordenanzas fueran tajantes en puntos como la necesidad de que las clases de Educación Física sean obligatorias y sin ventanas, para evitar que se escapen los buenos para sacar la vuelta y los que inventan enfermedades existentes solo en su flojera. Además, el Estado debe invertir en formar dirigentes, entrenadores, árbitros y profesores entusiastas y comprometidos. Por ahora existen, pero deben ser más.

Es cosa de dar una vuelta por las calles para ver a jóvenes, hombres y mujeres, con un ineludible sobrepeso. Especialmente es dramático lo que se ve en niñas de no más de 15 años, que parecen listas para ir a ver al famoso doctor Nowzaradan, el especialista en kilos mortales.

Hay que convencer a esa generación que la vida a esa edad no debe consistir en estar todo el día con los deditos metidos en el celular o comiendo toneladas de completos, papas fritas y otras perniciosas delicias de moda. No hay títulos mundiales ni premios millonarios para los campeones de esas prácticas. Cuando mucho, hay un camino pavimentado hacia la diabetes, la hipertensión y el traje de madera.

Tienen que ver en Daniela Asenjo, la leona de dos mundos, el Nuevo y el Viejo, reina por una noche en la Ciudad Luz, el rumbo para redondear una existencia más digna de ser vivida, y para dejar un recuerdo que vaya más allá del cariño de los incondicionales.

 

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