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El Reporter Esso, el primero con las últimas noticias

Por Óscar Aleuy / 28 de septiembre de 2025 | 12:34
Antonio Molettieri di Gregorio, un adelantado de Coyhaique
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La Esso Estándar Oil Company Chile, presenta a ustedes “El Reporter Esso”, el primero con las últimas noticias, que informa primero e informa mejor”, rezaba la recordada presentación de la Radio Minería a la hora 21, todos los días del año de mi niñez coyhaiquina.
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Yo me veía como un niño modosito y bien vestido y aunque en casa el baño de tina era una vez a la semana, mamá se las arreglaba para que pareciéramos ordenados y hasta elegantes. Más de alguno de mis camaradas de básica, que hoy se mueven por Coyhaique en forma lenta y pausada, creyó recordarme con el paletocito de franela que madre Hilda se esmeraba siempre en encargar a Santiago, aprovechando su cargo de confianza en los almacenes Brautigam de don Alberto.

Ya dije que la radio a esa hora nos hacía conocer un noticiero espectacular que causaba emociones y curiosidad, que nos llevaba de golpe a una ciudad abarrotada de gente y de luces, imagen que muchos años después conocería en persona.

La verdad es que, aunque no nos interesaran para nada unas noticias de difícil comprensión de este Reporter Esso de un receptor Siera que se destacaba por sobre todos los demás elementos de la alacena de la cocina, sólo los compases sincopados de esa música incidental de la presentación ya nos estaba diciendo que el mundo de la modernidad nos entraba a raudales por los oídos, dándonos esos aires de importancia en medio del silencio de la permanencia.

Las últimas noticias del mundo se transformaba entonces en una especie de reiteración enfermante justo a la hora 21 con un papá cebando mates o preparando carnecitas en el hierro candente del fogón, lo que hacía que  esa monserga y ese compás musical se nos quedara muy adentro del alma, el corazón y los oídos, y fuera algo así como un himno en medio de las calles silenciosas, un fárrago virtuoso que daba pincelazos duros de crecimiento y aprendizaje entre la sordina de los árboles y algo que volaba entreverado con el viento invernal de los meses de nieve, de los días de escarcha, de los años de vida.

Esso, es lo que nos mueve hoy. 

Enrique Muñoz Ballesteros trabajó muchos años atendiendo una bomba de bencina en Pto.Aysén. Era lisiado y terminó recibiendo un reconocimiento. 

Aunque a don Enrique Muñoz Ballesteros una máquina de aserradero le había arrancado de cuajo la pierna izquierda dejándolo lisiado para toda la vida, seguiría en su puesto de despachador de gasolina en la única Bomba Esso de Puerto Aysén, anotándose un récord de miles de días trabajados sin parar ni un solo día. Creo que ya lo mencioné por ahí, con su pata izquierda de palo, y ambas manos moviendo la manguerita, o los toneles que traía un chico de pantalones cortos que trataba de ayudarlo lo mejor que podía.

La misma foto de la entrada de esta página hace que nos sintamos empequeñecidos por el paso del tiempo y por la importancia consagrada frente al recuerdo y a la morriña de tiempos tempranos. Nadie imagina el estruendo interior en un alma agigantada por las impresiones de la niñez. Ninguno de nosotros puede dejar de emocionarse con esa foto, donde un grupo de personas viajantes con sus arcaicos vehículos petrifica el instante y lo consagra para que muchas décadas más tarde personas como nosotros disfruten de ese golpe mágico del obturador con las imágenes de un tiempo que se ha detenido para emocionarnos.

Junto con esa imagen de portadas, se revela la segunda foto de hoy, donde fijamos la vista en la interesante disposición de la primera calle de actividades comerciales que se dijo en llamar Moraleda, don José de, virtuoso paladín de la historia militar. Si se fijan en el detalle, aquellos primeros alcaldes de un gobierno militar en la era iniciática del pueblo, se aferran a morir de los valores patrios, y ensalzan los militares de héroes de tantas batallas con valentía, hidalguía y soberanía. Como esos espacios grandiosos donde campea la inocencia de los principios y la soledad y el silencio que dan una onda de impresionante monotonía, no pueden dejar de advertirse esos talantes de magnificencia de los galpones, de las casas que parecen trastos viejos, de las calles que son fárragos de lodo, del silencio que todo lo envuelve como una frazada gigantesca, dando la impresión de andar encima de las horas de un pueblo donde casi no se hace nada.

La otra bombita de Condell con Moraleda

En esta calle Moraleda de Coyhaique en los 40 también hubo un expendio de bencina bajo la supervisión de Molettieri.

Puse esta foto porque ahí al lado derecho, diez años después, ya en los cuarentas, se instala en la esquina de lo que se llamaría Condell con Moraleda, otra bombita de bencina para que los cuatro o cinco camiones que iban transitando hacia el puerto pasen una vez a la semana a cargar combustible. No está de más decir que los mejores clientes del servicio de combustibles no eran los coyhaiquinos, sino los argentinos que entraban por Lago Blanco, Balmaceda o Coyhaique Alto en busca del preciado elemento para poder moverse por todas partes donde haya un camino para vehículos.

El gran Molettieri di Gregorio

Todas las estaciones Esso las instaló un señor llamado Antonio Molettieri. Un caballero pudiente, gran colaborador en las obras del pueblo, querido por todos y muy reconocido, que había nacido en Castelfranci (Italia) en 1898 y llegado a Puerto Aysén desde Argentina, donde estuvo por un corto tiempo debido a que lo molestaban los mosquitos. Este señor contraería matrimonio con la señorita Agripina Millaldeo en 1932 y siempre demostraría su ingenio e inteligencia para resolver e inventar cosas. Con los recuerdos de la post guerra, don Antonio Molettieri de Gregorio siempre inculcaría a sus hijos y nietos gozar de la vida y esforzarse sin botar, ni derrochar ni malgastar.

Una de sus primeras construcciones sería un carro de bomberos, sobre el cual se transportaban los implementos para los incendios, escaleras, mangueras, herramientas. Trabajó en fierros, (lo que fue su pasión). Además, los motores y camiones eran su orgullo personal y su ideal de vida. Fabricó postes de luz y lo que se necesitara en tiempos de crisis...aunque a veces no resultara, pero sus intentos de paliar cualquier carencia estaban ahí, vivían a su lado Un inventor que gustaba de leer y que participó en muchas organizaciones, la política, la vida social, las apenas visibles primeras instituciones. Cuidó siempre a su familia como el mejor de sus tesoros. Una familia que siguió sus pasos, que se mantiene vida y con la fuerza que le dio el origen.

El Reporter Esso ya murió, como todas las cosas de este mundo. A veces, por ahí aparecen en el fondo de todo, las honorables tonalidades de una música marcial y un locutor apenas audible, que grita desaforado que la Esso Estándar Oil Company Chile presenta las últimas noticias y que informa primero e informa mejor.  Recibe nuestras noticias en: WhatsApp | Instagram | Newsletter.

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